Encuentro

Lo vi, sus ojos me hipnotizaron como nunca imaginé, en ese momento mi vida se alteró, caminaba con música en mis oídos para dejar de pensar en aquella pelea, que podía acabar con todo lo que conocía en ese momento, era un imán del cual no podía escapar, creo que él tampoco pues caminaba en mi dirección sin detenerse, con esos ojos azules profundos como el océano mirándome.

Todo paso en un segundo, el mundo solo existía para nosotros dos, la ciudad que nunca duerme, parecía dormir a cada paso, la gente parecía fuera de si, o más bien esos éramos nosotros, las lágrimas que caían por mis mejillas, podían decir mi dolor y mi coraje, pero mi corazón por primera vez no conocía la conexión entre ellas y mi emoción.

Justo cuando nos detuvimos el uno frente al otro, alzo su mano y seco mis lágrimas, no sabía que decir pero las palabras en esos momentos estorbaban, comprendíamos lo que pensábamos sin palabras, retire mis audífonos sin apagar la música, esa que suelo poner para calmarme y no explotar, la cual siguió sonando, pero que había dejado de escuchar justo cuando sus manos limpiaron mis lágrimas.

No, eso no era normal, todo parecía alterar mi mundo y el suyo, nadie se percataba de lo que sucedía o éramos nosotros quienes habíamos olvidado el mundo, en un segundo mi cuerpo ardió y no sabía cómo controlarlo, pero en un instante supe como apagar ese fuego, que parecía incontrolable, fue cuando sus labios y los míos se fundieron en un beso que si bien estaba cargado de emociones, no sabíamos bien cuáles eran y tampoco estábamos dispuestos a parar hasta investigar que sucedía.

Justo en ese momento una mano se acercó a mi hombro y me arranco de aquel beso, que me dejó sin aliento y deseando más, no podía creer que alguien se atreviera a detener ese encuentro, cuando lo mire aún estaba en sus brazos y el tenía la misma expresión que yo, aquellos hombres que nos detuvieron solo nos miraban, el que se encontraba a sus espalda era alto no más de 1.90, vestía un traje blanco y corbata negra, blanco y rubio, como si lo hubieran sacado de una película de los años 20, el que se encontraba a mi espalda, vestía casi igual solo que la corbata era plateada, y un poco más bajo que el anterior, pero eran casi iguales.

Nuevamente lo mire sin decir una palabra, me acurruque en su pecho, nada podíamos hacer, ese día entendí que no podría vivir sin él, pero algo sucedía con quienes estaban tras nosotros, sin más y en silencio tome su mano y caminamos juntos con aquellos hombres tras de nosotros, ninguno se atrevía a decir palabra alguna, miradas de asombro a nuestro alrededor, el alto 1.80 de estatura, vestía un pantalón de mezclilla, camisa a cuadros, lentes negros, cabello castaño oscuro, fitness, yo no más de 1.70, delgada, vestía pantalones de mezclilla azul marino, blusa blanca y un chaleco rojo, tennis, lentes negros, cabello largo, negro y agarrado en una cola de caballo.

Nos detuvimos un segundo, los hombres se alejaron un segundo e ingresamos en un edificio, exactamente del cual yo me había salido corriendo y muy molesta, caminamos a la recepción, todos nos miraban y justo cuando me acerque, una de las recepcionistas las cuales vestían de azul marino y blusa blanca se acercó y me dijo que mis abuelos seguían esperándome, solo que debía pasar sola, no pensaba soltarlo y justo antes de que ella intentará soltar nuestras manos, la detuve y sin decir nada me dirijí al ascensor, e ingreso conmigo y ahí dentro, le dije sé tú nombre, solo espero que no tomes nada de esto mal, me miró y me dijo con voz firme, te he buscado desde hace años, también se tú nombre pero está vez no importa el mío, te acompañaré siempre.

Llegué con los abuelos y al vernos entrar callaron, no hubo más críticas, no hubo más regaños, está vez solo silencio, el cual rompí al decirles, acepto todo, con él a mi lado, con ustedes y con las reglas tal cual las marcan, pero está vez con él, no hubo más que afirmaciones y así comenzamos a escribir una nueva historia.

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